Con el cambio de año el destino me ha traido un cambio de estilo. Este pasado viernes 9 de enero me sumergí de nuevo en las profundidades de Barcelona, y entre sus murallas más viejas pude saborear el arte de dos grupos musicalmente similares. Esta vez, en la Sala Monasterio, la actuación venía de la mano de los Wirakocha, un grupo al que no podría definir o englobar en un único estilo. El concierto tenía que empezar a las 22:00, así que con nuestra puntualidad británica llegamos a la sala a la hora en punto.
Podría resumir el ambiente de vacío total. Creo que aparte de yo y mi amigo de conciertos, MGL, sólo estaba el técnico de sonido y la camarera. Con nuestra calma habitual cogimos mesa y copa de vino, una de negro y otra de blanco, mestizos como la música que estabamos a punto de escuchar.
Iba pasando el rato y allí no aparecía nadie. Finalmente empezaron a subir al escenario los componentes de Wirakocha, 1, 2, 3, 4... (no van a caber)... hasta 8 personas sobre el pequeño espacio de la Sala Monasterio. Vocalista, guitarra, bajista, teclista, flauta travesera, cajón flamenco, metal percutido y bongos, todo dispuesto para empezar la actuación.
Con las primeras notas y el primer arranque del cantante, todo presagiaba un grupo compacto que iba a sorprendernos ¡y hasta que punto!
Una mezcla de reggae, flamenco y rumbita, con notas y líneas musicales que recordaban a Ledd Zeppelin vestido de "faralaes". Temas que iban irremediablemente "in crescendo" hasta que era inevitable levantar el culo de la silla y ponerse a bailar con ellos. Con unos cambios de ritmo y de estilo increibles. El tono más reivindicativo lo ponía el guitarrista al más puro estilo Manu Chao.
Debo decir que al final la Sala quedó llena y los que estuvimos lo pasamos en grande bailando al ritmo rumbero que nos fueron marcando los Wirakocha, sin prisa y sin pausa, saboreando, después de las copas de vino, material más destilado.
Cuando terminó de actuar el primer grupo subieron al escenario "Expreso". Flamenco del bueno que se atrevió con alguna intro versioneando a Paco de Lucía con "Entre dos aguas". Canela fina. Virtuosismo y tablas sobre los escenarios es la impresión que me dio este grupo. Si los primeros tocaron principalmente para divertirse y divertirnos, los "Expreso" tocaron para hacerse escuchar y despertar los sentidos.
Debo decir, como ha pasado ya en conciertos anteriores, que llegados a este punto de la noche la música pasó a ser un poco lo de menos, por lo que no tendría mucho sentido que siguiera comentando algo de lo que soy prácticamente incapaz de acordarme. A partir de aquí fundido a negro y hasta la mañana siguiente.

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